SELLO DEL TRIÁNGULO MASÓNICO RECTIFICADO LEÓN DE JUDÁ N.º 29
El León coronado y la Estrella de David
El sello del Triángulo Masónico Rectificado León de Judá N.º 29 no es un simple emblema ni un ornamento visual: es una epifanía simbólica que custodia los misterios del alma regenerada. En su centro, el León coronado —símbolo ancestral de la tribu de Judá— nos remite al poder real y espiritual del linaje que porta la promesa. Esta figura no es bestial ni feroz, sino noble y despierta, vigía de las puertas del Templo interior.
La Estrella de seis puntas, conocida en la tradición como el Sello de Salomón, entrelaza los triángulos del fuego y del agua, del cielo y de la tierra, del espíritu y la materia. Es en esta unión donde se revela la alquimia del ser: el hombre en su justa posición frente al Eterno, aspirando a la integración de lo alto y lo profundo. Esta estrella resplandece como el mapa secreto del Iniciado que desea reconocerse en el plan divino.
Detrás, las hojas de vid nos recuerdan la conexión con la tierra prometida, la sangre de los profetas y la fecundidad del alma iluminada. Brotan como llamas apacibles que nutren el fuego sagrado del corazón regenerado, uniendo a los hermanos en un mismo vino y un mismo pan.
Círculo exterior y coloración
El círculo verde representa la Esperanza que envuelve a quienes se comprometen con la senda de la rectificación, mientras que el rojo anuncia la Sangre del Testimonio, el sacrificio voluntario del ego en aras del perfeccionamiento interior. El dorado que circunda todo el conjunto habla de la Gloria del Altísimo, esa que no se consigue por méritos humanos, sino por Gracia y transformación.
Cruz y escuadra
La Cruz roja de los caballeros y la Escuadra masónica que equilibra y regula las pasiones humanas completan este escudo, no como simples referencias simbólicas, sino como herramientas vivas de combate espiritual. La Cruz señala el camino del sacrificio y la redención. La Escuadra nos enseña a edificar sobre la rectitud y la justicia.
Síntesis del sello
Este sello no es sólo una imagen: es una promesa. Es un llamado silencioso a los buscadores de lo eterno, a los guardianes de los Misterios y a los peregrinos del Espíritu. Cada símbolo aquí revelado contiene un enigma que no se impone, sino que espera ser comprendido por aquel que desee vivir conforme al Ideal del Hombre Nuevo.
En este Triángulo, nos reconocemos como herederos de una Tradición viva, no por sangre ni por palabra, sino por fuego y por obra. Portamos la corona del León, no como símbolo de poder humano, sino como signo del reinado interior que vence al caos, ilumina la noche y abre paso al Reino de Dios en el corazón del hombre.
Así, el Triángulo Masónico Rectificado León de Judá Nº 29 no es sólo una agrupación; es una fragua de almas, una lámpara en el valle, un eco del León que aún ruge desde el Trono.
“He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido…” (Apocalipsis 5:5)


